Extraído del libro “Ayúdame a mirar” – Photoclub Anaya, 2019

Una mujer condenada a morir de hambre en Mongolia -Foto de Albert Kahn

Albert Kahn no solo era multimillonario, también fue un altruista convencido de que la fotografía era la herramienta ideal para conseguir la panacea universal. «Un inventario gráfico de la superficie del globo —concluyó— aproximaría definitivamente a los seres humanos, con independencia de su raza, religión o condición social». Treinta años antes de la creación de Naciones Unidas, a principios del siglo xx, financió el trabajo de docenas de fotógrafos y operadores cinematográficos que bajo la dirección del geógrafo Jean Brunhes se establecieron durante largas temporadas en una cincuentena de países a partir de 1909.

Como resultado de tal despliegue, se recopilaron 70.000 placas de autocromo, 4000 imágenes estereográficas y 183.000 metros de película con el objetivo de mostrar el mundo al mundo. Pero por desgracia, con el derrumbe de la bolsa en 1929, Albert Kahn se arruinó. Tras su muerte, once años más tarde de la caída de Wall Street, su colección fue valorada en lo que supondría unos pocos euros hoy en día, y finalmente la adquirió el servicio de documentación del pueblo de Hauts-de-Seine.

Ahora es posible contemplarla en un museo histórico que lleva su nombre en Boulogne-Billancourt, al oeste de París, o por internet. Gracias a este banquero filantrópico existen registros gráficos de un periodo de entreguerras muy interesante, a pesar de que la recién inventada fotografía en color no consiguiera materializar los ideales del mecenas.

El Emir de Bukhara (hoy Uzbekistan) en 1910 – Foto de la colección de Sergey Prokudin-Gorski

Otro soñador en el extremo opuesto de Europa, Sergey Prokudin-Gorskii, propuso en la Rusia de los zares una empresa menos ambiciosa aunque con finalidades parecidas. También en este caso, por mala suerte, la revolución de 1917 le obligó a exiliarse con una mínima parte de sus archivos en color.

La Biblioteca del Congreso de Washington compró las placas tricolores a sus descendientes, muy complicadas de positivar en su momento y que hoy en día, gracias a la tecnología digital, se pueden visionar en internet o escribiendo el nombre del fotógrafo en cualquier buscador. Una vez más, fue irrelevante la mediación de la fotografía para conseguir la comunión de los pueblos, pero sobrevivieron 2607 imágenes de un proyecto que duró desde 1909 hasta 1915.

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