Sicilia me acoge con un arrumaco mediterráneo y me impresiona la facilidad con la que accedo a la tierra de Andrea Camilleri y del comisario Montalbano (en honor a Manuel Vázquez Montalbán) en contraste con los millares de vidas que el mar, hoy tan sosegado, ha engullido sin miramientos en estos últimos años. Reflexiono al bajar por la escalerilla del avión sobre los derroteros de la vieja Europa y de algunos países anglosajones, modelos de democracia, de transparencia y de acogida, antes de la gran crisis de valores que nos azota.

Si tuviera que diseñar un curso de reportaje gráfico incluiría asignaturas como política, sociología, historia, matemáticas, cultura general, antropología, geografía, religión (todas o una mayoría), idiomas, arte, informática, teatro, comunicación, diseño, psicología, marketing… además de la tecnología correspondiente, porque una buena fotografía no solo es estética, sino también un contenido que le otorga la excelencia.

Cuando se trata de explicar el mundo al mundo no te puedes basar en criterios visuales. En la decisión final, cuando eliges tanto el emplazamiento, como el instante en el que oprimes el disparador, todo puntúa. Una buena fotografía es un acto intelectual, la materialización de las inquietudes y los conocimientos de su autor. Para ser un buen reportero conviene tener opinión y obrar en consecuencia sin escudarse en paños calientes.

Palermo no ha cambiado mucho desde que ilustré mi primera guía de viaje sobre Sicilia para la National Geographic Society. Encuentro a faltar la escultural muchacha que se sentaba sin abrir la boca en el despacho del alcalde con una falda muy corta y un vestido a juego con la escultural sala barroca. Ahora una multitud de asiáticos de Bangla Desh se arremolina en la puerta del ayuntamiento. Disponen de 48 horas para regularizar sus documentos. El policía de la entrada me cuenta que están ahí para asistir a una convención.

Por lo demás el histórico mercado de Ballaro continúa vibrante como antaño. Y hacia él dirijo mis pasos con la esperanza de reencontrar el alma siciliana. Los productos de la tierra y las tradiciones se mezclan en los callejones angostos. En la trastienda de un comercio de especies encuentro tres motocicletas aparcadas entre la mercancía, junto a retratos de familiares desaparecidos. El conjunto es una especie de altar que conjuga el género a la venta con la religión.

Los mercados son siempre difíciles de fotografiar. Si la composición consiste en organizar el caos, es una labor de titanes marchar con una imagen satisfactoria. Los recursos son el retrato con teleobjetivo, porque los fondos desenfocados atenúan el exceso de información, tomar primeros planos de la mercancía o fotografiar a los vendedores con sus productos.

Para obtener vistas más generales opto por una ubicación adecuada y busco horas de sol bajas o espacios a la sombra que palíen el contraste de los toldos. También aprovecho las luces cálidas, las mismas que usan los pequeños puestos locales para presentar más atractiva su mercancía. Y, por descontado, ayuda el comprar de vez en cuando una pieza de fruta o un pequeño detalle. Puede que no sea una buena opción cuando el presupuesto es exiguo, pero relaja las caras de hastío de los vendedores, en ocasiones hasta el moño de turistas que les fotografían como si fueran monos exóticos.

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