IMPRESIONES DE UN ESTRESADO TECNOLÓGICO

Por descontado que después de tres meses viajando ahora viene la parte menos glamorosa: sentarme durante días frente al ordenador que, por cierto, ahora va bien, una vez descubierto que la controladora me “borraba” mis discos duros -bueno, el ejecutor era el chekdisk- debido a que uno fallaba y revolucionó todo el sistema informático. Sí, ya lo sé, esto me pasa por no usar MAC; pero voy justo de tiempo y me da mucha pereza la migración. Soy de los que padece “estrés tecnológico”.

Pero no es de informática de lo que quería hablaros, aunque hoy en día no tengo claro si soy fotógrafo o aficionado a los ordenadores, pero con mala pata. Varios amigos me han escrito preguntándome mis opiniones sobre la Leica M9. Aunque, por descontado, existen un montón de lugares más adecuados para ver estudios comparativos y opiniones más reputadas que lo que yo pueda contaros, como simple usuario os explicaré mi punto de vista.

Ante todo la M9 me ha devuelto la indescriptible sensación de tener en las manos una Leica. Me costó muchos años aprender a utilizarla. Las primeras imágenes con ella me salieron movidas, desenfocadas y lejanas. ¡Con lo fácil que era usar la Nikon! Sin afirmar que me convirtiera en un virtuoso, al cabo de tres años de utilizarla empecé a tener consciencia de la dificultad que representa, para conseguir una buena imagen, valerme tan solo de una velocidad de obturación, un diafragma y una caja metálica. Sin el apoyo de las inacabables prestaciones de una cámara réflex. Pero creo que empecé a comprenderla: las fotos están en la cabeza aunque, a más sencillez, mayor dificultad. Por eso, la impagable (nunca mejor empleado) sensación de sostener la nueva Leica, a que me refería al principio, podría resumirla así: silencio, discreción, control y un estado de concentración característico. Vamos, como si estuvieras en trance. Con ella tienes la posibilidad de ser un poco más “invisible” y tomar fotos de este estilo:

Recuperada pues, la sensación de fotografiar con ella, los considerandos técnicos poseen algunos grandes logros y temas que podrían mejorar bastante. El formato entero y la compatibilidad con la ópticas de siempre es el gran acierto. El factor ruido lo lleva bien, yo diría que hasta los 1000 ISO, aunque quizás 1.600 ISO serían aceptables. La sensibilidad automática también es una ventaja que permite fotografiar prácticamente sin pensártelo, dado que si llevas preajustado una velocidad, un diafragma y una hiperfocal adecuada, el disparo es rápido.

En contrapartida no es una cámara para tomar demasiadas fotos seguidas porque el buffer es más bien limitadillo. También tarda demasiado tiempo en grabar los datos, de manera que a veces te toca esperar un rato -que en medio de la acción se hace una eternidad- hasta que la cámara ha acabado con sus deberes y puedes visionar las imágenes en el respaldo. Te pones azul de rabia con tanto avatar… (chiste fácil y tonto, digno de mí).

¿Más pegas? Las baterías son caras y de relativa poca duración. El precio del cargador ni os lo cuento, dado que no hay fabricantes, que yo sepa, que proporcionen modelos alternativos más económicos.

Otra cosa que me fastidia es que no puedes visionar una secuencia de fotos en la cámara cuando amplias los detalles de la imagen. Cada una -faltaría más- puede explorarse con comodidad, pero para acceder a la siguiente hace falta volver al tamaño completo. Si, por ejemplo, has fotografiado una secuencia y quieres comprobar qué imágenes están más movidas mirando una zona determinada, tienes que ampliar una por una y hacer un esfuerzo para recordar la borrosidad de las demás.

En un comentario Rafa Navarro me rectifica y escribe: “Si cuando tienes ampliada una foto, presionas a la vez el boton play más la flecha de avance sí que puedes pasar a la siguiente foto manteniendo el aumento”. ¡Qué bien eso de que los amigos te lean!

Si hace rato que no tomo fotos, a pesar que he desactivado la función de auto-apagado (que alargaría más la vida de las baterías) en ocasiones acaece que aprieto el disparador para tomar una foto inesperada… y la cámara no responde. Por esa pega he perdido algunas imágenes que, claro, imagino, estaban destinadas a ser las fotos de mi vida.

El vendedor me ha dicho que esa pega no es normal, pero ya sabéis lo que pasa con Leica: cualquier avería, la cámara a Suiza y un mínimo de cuatro a seis semanas sin ella. Por lo demás, sin novedad. Este fin de semana andaré por Pamplona, el que viene Valencia y luego Vietnam. ¡A ver si nos vemos!