Supongo que no soy el único que al evocar Rio de Janeiro se le varan los acordes de “La garota de Ipanema” de Tom Jobim . La bossa nova, la samba, el choro –la primera música popular típica de Brasil- y todas las variantes posibles de los ritmos con sus melodías son otras de las señas de identidad de la ciudad. Reflejar el amor por la música de los cariocas es una propuesta interesante si con la cámara pretendes llegar más allá que de apropiarte de la fisonomía de los monumentos o de hacerte un selfie delante de ellos. Es lunes y hoy se reúne mucha gente a partir de las siete y media en Pedro do Sal para tocar rondas de samba y ahí estoy como un clavo tras una jornada maratoniana fotografiando religiones y cerros… pero no aparece ningún músico.

-“Es que ha llovido –me aclara Bruno Sousa, con el que trabajé en un encargo para la Fundación del F.C. Barcelona hace unos años. Y cuando llueve en Rio las cosas suelen no funcionar”. En efecto, transcurre una hora larga y nada de nada. El lugar está repleto de carritos donde se anuncian preferentemente “caipiriñas” pero nadie parece estar pendiente de la llegada de los músicos mientras aguardan sentados frente a los murales de la zona. En algún momento aparecerán, pero mientras tanto es tiempo de charlar de lo que se tercie. Ando demasiado cansado tras una larga jornada en la calle, se me acumulan los días de viaje y me esperan tres horas extras de trabajo cuando llegue al hotel y descargue las fotografías, haga copias de seguridad y ordene mis notas para escribir estas entradas. No es nada fácil mi trabajo y si lo fuera no me pagarían por hacerlo.

Camino del hotel Arena Ipanema percibo una pequeña multitud en la calle. Unos músicos tocan rondas de chorinho y comparten cervezas con el público en un bar, aunque no hay camareros. Cada cual se levanta, toma la bebida de una nevera que hay al fondo y continúa con lo suyo. La gente, parada junto a la pared, no aplaude. Solo chasquea los dedos para expresar su satisfacción y si alguien inicia una conversación en la calle con la persona que tiene al lado, un hombre que se sienta junto a la puerta con una hoja de papel y un bolígrafo le pide que se calle para evitar quejas vecinales.

Se trata de Alfredinho, el peculiar propietario del Bip Bip, uno de los locales más carismáticos de Rio. Desde su improvisado escritorio toma nota de lo que consume cada cliente y se encarga de que todo esté en orden mientras disfruta las rondas de samba y financia el chiringuito con las rondas de cerveza. Todo vale para que la música en vivo continúe también viva en Copacabana.

Mucho más ruidoso es el ambiente en el Da Bossa Nova, no lejos del Bip Bip, donde cantan a toda pastilla y los clientes invaden la calle. Se toca música sertaneja, también conocida como “sertanejo universitario”, que está de moda y me dicen que supera incluso a la samba en seguidores. Luego, en las calles, voy descubriendo otras variantes porque la música y sus intérpretes tocan con frecuencia en los locales de la ciudad, pero quizás el más interesante de todos sea el Rio Scenarium.  Está ubicado en el barrio de Lapa y cobra una entrada de unos diez euros para acceder a un edificio de tres pisos de arquitectura colonial que de por sí ya es un museo, un lugar de actuaciones y un espacio cultural. Las consumiciones se pagan aparte.

Hoy actúan los “Bohemios do Rio” un grupo de cuerda que ejerce de aperitivo para dos formaciones que vendrán después. Y por descontado que hay infinitas propuestas musicales en la noche carioca, pero este sería un tema de muchos días o quizás de años. Lo importante es que dispongo de una cámara que me permite fotografiar en silencio bajo cualquier condición posible y no hace falta que insista lo feliz que estoy.