La prueba del algodón de la convivencia es la capacidad que tiene un pueblo para coexistir y comprobar hasta qué punto admite con respeto las creencias de los demás. Por esa razón decido visitar algunos lugares de culto alejados de los circuitos turísticos de Rio de Janeiro. Es domingo y la coyuntura me invita a asistir a una misa acompañada de cantos gregorianos en el Monasterio de San Benito. La afluencia es tan grande que no puedo acercarme al altar donde se venera a la virgen negra de Montserrat, otro símbolo en un país donde conviven personas de todas las razas. Tomo un par de imágenes rápidas rebajando un punto la exposición para enfatizar el ambiente barroco de la iglesia porque no me gusta fotografiar durante los cultos, a menos que haya podido negociar un permiso previo. Autofocus, programa y la pantalla posterior abierta para conseguir el ángulo más elevado que permiten mis brazos.

También hay una mezquita en Rio, pared con pared con la iglesia evangélica Nacional Do Senhor Jesus Cristo y con la cristiana Sangue de Cristo. Puesto que las tres están juntas es fácil visitarlas. Todas tienen las puertas abiertas y me acogen con calidez y sin sermones. Las relaciones son fáciles en Rio. Un grupo de adolescentes canta y baila canciones al Creador y con el movimiento destacan unas fichas que usan de colgante y certifican las buenas obras en las que el portador ha colaborado. En otra parte de la iglesia los pequeños ensayan un coro mientras que en los rincones más apartados los adultos dialogan con los santos. Religión y espíritu carioca en estado puro.

Sus vecinos de la mezquita no solo me acogen con cariño, sino que el saudí Abdul Aziz nos invita a todos a comer. La tradición es que los más ricos pagan. Conozco gente de Egipto, Sierra Leona, Senegal, Mozambique… y aprovecho para charlar sobre el Islam en unos tiempos difíciles para los musulmanes. El Sheik Adam explica que las diferentes interpretaciones que se hacen del Corán se deben a las variantes del árabe. No es lo mismo el léxico de Yemen y el de la Península Arábiga –me ilustra con un ejemplo.

-“El Corán es complejo y para interpretarlo hace falta una cultura. Para la gente que no ha tenido la oportunidad de ir a la escuela es difícil”. Luego charlo con otros asistentes y todos coinciden en que hay un propósito premeditado para separar a la gente y la religión es el camino más efectivo -un “divide y vencerás” que obedece a intereses económicos muy poderosos –concluye el Sheik.

-“Los países pequeños son combustible para los grandes –corrobora Mohamed Tawfick. El Islam es una religión de paz. No es exacto hablar de terroristas islámicos. Cuando un cristiano realiza un atentado nadie habla de terrorismo cristiano. Son terroristas árabes y aunque justifiquen con el Islam su actitud, no tiene nada que ver con las enseñanzas del Corán”.

Visito otras iglesias pero el domingo no da más de sí, de manera que aprovecho un hueco en mi último día para encontrar al monje Kelsang Drime en el centro de meditación Kadampa. Hay una práctica y me piden que no tome fotos durante el acto porque estorbaría el recogimiento y además estoy invitado a participar. Escucho que hay que direccionar la energía para que se beneficien todos los seres vivos y que conviene gestionar la negatividad.

-“La New Kadampa Tradition recoge las enseñanzas de Geshe Kelsang Gyatso Rinpoche (el hombre cuyo retrato está en casi todos los lugares preferentes) para modernizar el budismo y adaptarlo a los nuevos tiempos. Yo, por ejemplo -me cuenta el monje, soy una fiera en Facebook; pero solo lo utilizo para estar en contacto con otras personas interesadas en la meditación.

Percibo un gran protagonismo del fundador, pero igual que sucede en muchas creencias que propugnan una renovación, también doy con el testimonio de personas que comparten experiencias desafortunadas e incluso un grupo que se denomina “Supervivientes” de la New Kadampa Tradition.  Pero esta es otra de las propuestas relacionadas con la religión que en cualquier caso confirma la tolerancia en el Brasil. Mi visita a través de diferentes escenarios refuerza la admiración que he tenido por sus habitantes desde que visité este país por primera vez hace tres décadas.