I – Banyoles – Girona – España

El gran día ha llegado. Nací en Barcelona, en el barrio del Poble Sec, como Joan Manel Serrat, y este enclave del Mediterráneo será un punto de partida excelente para iniciar mi Vuelta al Mundo, aparte de que la sede de Olympus para España y Portugal está ahí. He elegido unas fechas que me aseguran una primavera suave en el hemisferio norte y un otoño progresivo en los países australes.

Sin embargo me estreno fotografiando alrededor del lago de Banyoles, al lado de casa. Esta decisión me permite calibrar la E-M1 Mark II. Se trata de un último modelo y a pesar de que controle como funciona, puesto que es muy parecida a su antecesora, cada ocasión que estreno una cámara necesito unos días para adaptarme. Es como una nueva pareja, tengo que entenderla, conocer la reacción de sus entrañas electrónicos a mis requerimientos, verificar su celeridad y ahondar lo máximo posible en sus características. Hemos de ser buenos amigos. De entrada la cámara satisface mis exigencias. Es muy rápida y, lo más importante, puedo usarla sin trípode a velocidades asombrosas y salir airoso con imágenes muy nítidas. Su sistema de estabilización es increíble, lo que me permite limitar la sensibilidad automática a un máximo de 1.600 ISO, aunque no habría problema para elevar el rango si fuera preciso. A 1000 ISO fotografío a pulso una casita entre los juncos a 3,2 segundos. Imposible plantearse estos resultados con otra cámara sin la ayuda de un trípode.

Un logro así aporta las primeras premisas a este viaje iniciático: tomaré fotografías en condiciones casi inexistentes de luz. Será interesante comprobar la respuesta de la Olympus Mark II en los oscuros callejones de Hong Kong o en los atardeceres de Río de Janeiro. En otro momento veremos la importancia de darle un sentido a tu trabajo.

¿Por qué fotografiar al lado de casa?  Uno de los consejos más interesantes que he recibido de mis maestros es fotografiar el lugar donde vives. Es evidente que tu sentido para apreciar lo nuevo se acentúa en entornos diferentes, lo que acontece cuando viajas. Las novedades agudizan la percepción. Una catedral cristiana, un templo budista, un bosque tropical, una playa paradisíaca, rasgos exóticos, un mercado colorista… todo resulta más atractivo a los ojos de una persona que habita, por ejemplo, en un entorno urbano y se mueve entre edificios de hormigón y atascos de vehículos en las horas punta. Tiene toda la lógica del mundo.

Paradójicamente es más difícil mejorar como fotógrafo cuando te enfrentas a un entorno desconocido. Lo normal es sucumbir al tópico, fijarte en lo superficial, lo que está a la vista y al alcance de todo el mundo porque el cerebro, repantingado en su área de confort, ordena “no te entretengas, toma la foto rápido y ves a buscar más cosas”. Detenerse, permanecer varios minutos o quizás horas en un mismo lugar, aguardando que el tiempo desvele los secretos furtivos, es el tributo que pagan los que buscan captar la esencia y no se conforman con la presencia de las cosas.

Por eso es muy importante fotografiar tu entorno. En una situación ideal, cada día. Para acostumbrarte a observar más allá de lo superfluo. Tu casa, tu calle, tu barrio, tu pueblo, tu ciudad… poseen un alto grado de fotogenia que para sus habitantes es casi invisible. La mente prioriza las novedades y disminuye lo familiar. Procura ser un buen fotógrafo donde vives y serás un buen fotógrafo donde te desplaces.

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