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La carrera profesional de un fotógrafo, como cualquier otro oficio, se consolida a base de sonrisas y lágrimas, aunque en el mundo del reportaje,  por definición tan competitivo, a veces la frustación acoge más protagonismo que la felicidad. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que los “noes” aventajan por goleada a los “síes”. También que a pesar de ser una profesión basada en mitos –o quizás por eso- por lo general no vales nada si no posees un cierto “reconocimiento histórico”. Por ende, a menudo, quizás porque tienes la suerte (o la aspiración) de trabajar en lo que te apasiona, se supone que  tendrías que facturar tu trabajo a precio de coste. Ya sabes, aquella temida frase “ya me enviarás las fotos” sin que te planteen en algún momento cuales son tus tarifas. Se supone que las regalarás. Y para rematarlo la fotografía no es una profesión para egos sensibles. Vales lo que tu último reportaje y eso es lo que hay. Mañana ya brillará el sol por Antequera.

Cuando alguien te presenta en un acto público lo primero que recita son tus logros: “ganó eso y eso” y pobre de ti que no tengas un “eso” convincente para adornar la  línea dorada de tu currículo porque, de entrada, quizás eres una especie don nadie. Esta manera de actuar genera frustración. No hay premios para todos. En mi caso no puedo quejarme. Antes de la eclosión de Internet muchos fotógrafos con talento no eran visibles y quizás era más fácil ganar premios, pero en esencia mi opinión no ha cambiado: sigo creyendo que vivir de la fotografía es de por sí un galardón inmenso. El mejor, sin ninguna duda, para alguien que soñaba conocer el mundo con una cámara (que no a través de una cámara).

Cuando piensas en los grandes fotógrafos raras veces te vienen a la mente sus trofeos. ¿Podrías decirme qué certámenes ganó Cartier-Bresson, Robert Capa o Eugene Smith? Imagino que no. Evocas su trabajo y, si has leído su biografía, tus recuerdos se complementan con la satisfacción que aporta entender las razones ocultas de sus fotografías.

Hay premios a los que tienes que presentar tu candidatura (competición obliga) como el World Press Photo o el Photographer of the Year. Y otros que aprecias, sin duda, porque alguien ha pensado en ti, sin que tuvieras la menor idea de lo que pasaba. Ese ha sido en mi caso el honroso galardón “Imagen-2015” que me brindó la Sociedad Geográfica Española. En víspera de mis bodas de plata como profesional parece un reconocimiento a una trayectoria. Bienvenido sea. Por descontado que no creo que sea ni merecido, ni inmerecido. Yo solo me he limitado a hacer mi trabajo. Si se lo hubieran dado a cualquier otro también lo habría celebrado, pero saber que antes que yo lo habían recibido referentes como Cristina García Rodero o José Manuel Navia me llenó de felicidad. Ambos asistieron a la ceremonia.

SGE

Siempre he dicho que lo que más me gusta de mi oficio es la gente que conoces. Pues bien, en esta ocasión se cumplió con creces. Los demás premiados eran gente increíble:  “El explorador polar ruso Víctor Boyarsky, el astrofísico Juan Pérez Mercader, la vuelta al mundo en un avión solar de Bertrand Piccard y el equipo de Solar Impulse,  el fotógrafo Tino Soriano, la editorial Laertes,  la arqueóloga subacuática Pilar Luna, el proyecto de arte urbano Boa Mistura compartirán este año los Premios que la Sociedad Geográfica Española concede desde hace casi dos décadas a las mejores iniciativas y proyectos en el campo de la exploración, los viajes, la aventura y la investigación científica”– se detallaba en la declaración institucional.

Durante un breve parlamento dediqué mi reconocimiento a Anna, mi compañera de viaje a lo largo de los últimos 35 años, a Álvaro de Leiva, uno de los mejores fotógrafos de viaje sin duda alguna, a los millones de seres humanos obligados a viajar a su pesar huyendo de guerras injustas y a los 18 refugiados sirios acogidos por el actual Gobierno Español. Vergüenza de ser europeo. El premio para todos nosotros, en realidad, es nuestra vida cotidiana. Lejos del fragor de batallas alimentadas por una industria armamentística que impulsa la riqueza de los países poderosos.

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