_IND8561-90

Álvaro Leiva (izq) y Tino Soriano – Myanmar 2013

Siempre estaba ahí, discreto, dispuesto a devolverte la llamada o a iniciar una larga y pausada conversación. Álvaro Leiva tenía una personalidad especial y por eso era un fotógrafo especial. Un día me dijo “Quiero conocerte” y, a pesar de que era quince años más joven, me regaló una gran lección de fotografía en apenas un par de horas. No le gustaba ni conducir, ni viajar solo. Por eso contrataba ayudantes que le dieran conversación en sus periplos de tres meses remontando los ríos más caudalosos del mundo y los países mediterráneos. Gracias a ello creó escuela y le dio la oportunidad a muchos jóvenes promesas de aprender cómo se organiza un profesional que jugaba en la división de honor.

Solo trabajaba en sus propios proyectos y no fue hasta el final de su vida que aceptó contados encargos. Quizás por eso no era tan conocido en España, aunque colaboraba con las revistas más prestigiosas del planeta. Tal era la grandeza de su labor. Siempre hizo lo que creía conveniente y se desmarcó de la mayoría de fotógrafos, obstinado en seguir su propio camino. Una convicción que me consuela. Álvaro ha muerto joven, como esos mitos que perduran para siempre, pero vivió como le dio la real gana y el inventario de países que recorrió en pos de fotografías maravillosas es interminable.

Chateamos hace menos de diez días y me comentó que se encontraba fenomenal. Teníamos algunos proyectos de viaje. Cuando me enteré de su muerte, en una sala de espera del aeropuerto del Distrito Federal, pensé en su pequeño apartamento, donde editaba sus formidables fotografías. Un día, estando a su lado, vi que apartaba de la selección una imagen maravillosa.

-¿No añades esta al proyecto? – le pregunté.

No toca! – me contestó. Sabía exactamente lo que quería

Cada vez que le comentaba que me había gustado alguna novedad que veía en su web, decía “¡Ah, sí! Pero eso ya es viejo. Ahora estoy explorando otras posibilidades visuales”.

Siempre andaba un paso por delante. Le sobraba el talento y me preocupa qué sucederá con su legado. Álvaro vivía solo. Confío que miles de obras maestras no caigan en el olvido, confinadas en el disco duro de un ordenador que quizás no se encenderá de nuevo para generar nuevos y fabulosos proyectos.

Un viaje imprevisto ha dejado huérfanos a muchos amigos. Esta vez no veremos sus nuevas imágenes.

http://alvaroleiva.com/