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Mira, mira un poco más, y luego vuelve a mirar, porque esto es la base fundamental de la fotografía”, aconsejaba Elliot Erwitt en su libro “Personal Exposures”. Los usuarios sin experiencia que aspiran a conseguir una imagen bonita le dedican al acto fotográfico pocos segundos.

Con la facilidad que tienen los dispositivos electrónicos para registrar cualquier situación, la gente se planta frente a los monumentos, hace cola en los miradores o espera turno frente a una circunstancia que llame su atención (o a veces se agolpa), con tal de pulsar disparador y revisar inmediatamente los resultados en la pantalla. Poco importa que miles de personas hayan tomado la misma imagen o que la fotografía pase al olvido almacenada en un disco duro hasta que éste se rompa. Lo que cuenta es conseguir el trofeo y apresurarse a fotografiar otra cosa más.

Cuando el acto fotográfico es superficial se confunde la realidad con el equivalente fotográfico. Xavier Miserachs que, aunque trascendió como un gran fotógrafo y un gran teórico estudió medicina, se refería a esta patología en el año 1998, en su ‘Criterio Fotográfico’: “Ante la torre de Pisa es más importante tomar una foto que saber el año de su construcción, su función, su estilo arquitectónico, el motivo de su inclinación. Se ha viajado hasta allá, no para conocer una realidad, sino para incorporar una imagen a la esfera”.

Los autores con inquietudes deberían ser más exigentes, comprender lo que hacen y por qué lo hacen, superar la superficialidad de los registros automáticos con tal de aportar un mayor sentido al contenido.