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Esta ha sido una nueva experiencia para mí. He tenido la suerte de viajar con un colega, un profesional que siempre ha sido una referencia y, lo mejor, hemos disfrutado como camellos. En efecto, Álvaro de Leiva es incansable, de manera que, a su lado, uno se ve en la obligación de seguir su ritmo. El resultado fueron quince días de trabajo constante, levantarnos en la madrugada e ir a dormir bien entrada la noche, con satisfacción por ambas partes, lo que también tiene su mérito. Al tener estilos diferentes tampoco interferimos demasiado entre nosotros. Casi siempre nos separábamos para reunirnos más tarde, porque la buena fotografía suele ser un acto solitario.

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Y luego algunas imágenes. Ni que decir tiene que Myanmar, el país con la gente más buena del mundo, con permiso de Buthan, es una tierra que aporta algunos de los símbolos más característicos para los viajeros enamorados de Asia. Un templo donde se adora una serpiente, por ejemplo (pies de foto en cursiva extraídos de mis notas de viaje):

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En el barrio de Hsipaw se venera a una pitón de seis metros que lleva ciento veinticuatro años encerrada en un santuario de pocos metros cuadrados…

Una gran piedra con leyenda en la cima de una montaña:

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En una inmensa explanada alrededor de una roca dorada que mide poco más de seis metros, coronada por una elegante flecha, cientos de peregrinos con campanillas, monjes sonrientes, niños jugando, música estruendosa, parejas, familias, personas meditando, oratorios budistas por todas partes y, sobretodo, porteadores cargados con cestas e incluso con personas en palanquín, pululan desordenadamente… La historia de la roca proviene de un pelo de Buda. Según la tradición el rey Tissa lo recibió de un ermitaño moribundo que lo había conservado durante toda su vida escondido en el moño, con la condición de que construiría un santuario. 

Patrimonios de la Humanidad

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Shwedagon, la pagoda más bonita del mundo. Se merece dos visitas en un mismo día. La típica es al atardecer, cuando van más turistas, aprovechando el descenso de las temperaturas, y deseosos de fotografiar el recinto iluminado con luz artificial. Pero es a las seis de la mañana, cuando Shwedagon abre sus puertas, que acuden los auténticos creyentes y aprovechan el momento que el recinto es más atractivo y está menos concurrido.

La vida religiosa:

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… poco a poco la presencia de peregrinos aumentó, los puestos callejeros organizaron sus mercancías, el incienso se mezcló con el humo de las cocinas y nuevos monjes acudieron a pedir limosna. Solo en Mandalay viven sesenta mil, de manera que, si viniera un diez por ciento al templo, su presencia sería más que notoria.

Sus paisajes:

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La mecánica para explorar el Inle desde Nyaungshwe es siempre la misma. Se contrata un bote una jornada por unos quince euros y, con paradas en pueblos lacustres como Mang Thawk o Nan Pan, en los tenderetes de artesanía, en el mercado que se celebre aquel día y, por descontado, en templos y pagodas (estamos en Myanmar) asombrados por la curiosa forma de remar de los pescadores, el anochecer sorprende al viajero en el camino de vuelta al hotel.

Y la alegría de sus gentes.

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El Tha Nat Khar es parte de la cosmética tradicional de Myanmar y las mujeres y los niños exhiben esta distinción orgullosos, con espesores y diseños para todos los gustos y aseguran que posee múltiples propiedades terapéuticas.

¿Te animas a visitar Myanmar?

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