Retrato de una familia de campesinos en Viseo (Galicia)

La fotografía se ocupa, en el periódico, de la comunicación no verbal, que a estas alturas ya sabemos que es tan importante como la verbal”. Juan José Millás

Desde un punto de vista semiológico me llama la atención la terminología que solemos usar referenciada al hecho fotográfico. En Galicia, por ejemplo, no se habla de tomar sino de “quitar” una fotografía. Si tenemos en cuenta que  quitar quiere decir literalmente “Tomar o coger algo ajeno, hurtar” no resulta complicado hacerse una idea del significado posesivo que le atribuye en el noroeste de España al acto fotográfico, en la línea de algunos pueblos que están convencidos que, cuando se toma un retrato, la cámara se apropia del alma…

La misma palabra “acto“, de hecho, evoca en sí misma un ceremonial. Cuando las cámaras eran grandes y pesadas el fotógrafo hacía una larga serie de manipulaciones para emulsionar las placas de vidrio. Además, por los prolongados tiempos de exposición, un simple retrato requería su tiempo. Minutos que paulatinamente se fueron reduciendo en la medida que la química confirió más rapidez a las emulsiones. Algunas tribus africanas que conocieron la fotografía en una fase más avanzada todavía hoy en día usan una terminología más comercial y emplean “hacer una Kodak”.

Curiosamente las palabras que más han arraigado en el lenguaje fotográfico mantienen un cierto parentesco con la terminología bélica. Así se habla de “disparar” una foto, de “tirar” una foto o de “apuntar” al sujeto. Algunos lectores me indican que también son acciones próximas a la caza, una actividad más afín con la fotografía, pero en todo caso se trata de verbos que sugieren una cierta agresividad.

La diferencia más sustancial, no obstante, está en el concepto tomar, hacer o tirar una foto. Cada verbo se refiere a un acto diferente. “Tomar”, en este caso, sería el equivalente a llevarse algo mientras que, “hacer”, sugiere una acción más cuidadosa del fotógrafo.

“Tirar” conlleva implícita una idea de rapidez, de una acción poco reflexiva. Son matices del idioma que no dejan de ser significativos. Un mismo fotógrafo puede usar los tres verbos en el transcurso de sus acciones, a menudo en función de lo que se propone. Se “toma” una foto de un paisaje, por ejemplo, y se “hace” un retrato cuando hay tiempo para interaccionar con la otra persona, entendiendo de esa manera el acto fotográfico como una acción más artesanal. Lo contrario sería “tirar” una foto, por ejemplo, desde la ventana de un tren en marcha…