Alrededores de Letterfrack

Los días en Connemara amanecen más bien tristes si bien luego, a lo largo de la jornada, el sol brilla con intensidad, las nubes perfilan vistosos dibujos en el cielo y algún chubasco rocía las flores hasta que los vientos del Atlántico cambian el panorama. O a lo mejor no pasa nada de eso porque, finalmente, todo depende del humor de las isobaras. Para mí, estos últimos quince días, los colores y las luces extremas de Irlanda han sido una bendición.

Clifden

El clima, desde luego, es una incógnita en este distrito el oeste del condado de Galway, poblado por unas treinta y dos mil personas de hablan mayoritariamente gaélico de la N-59 hacia arriba e inglés de la nacional para abajo. Igualmente puede variar en pocos kilómetros porque Connemara es un conjunto de microclimas. Tormentas, dramáticos cielos oscuros y arco iris están asegurados.

Diamond Mountain – Parque Nacional de Connemara

Este distrito es un filón para los artistas plásticos y para los amantes de la naturaleza, una pasión que, en su momento, se materializó con barrotes y rejas. Cara Lyons, artista y modelo, así lo certifica: “No en vano es uno de los pocos lugares del mundo que contaba con una prisión en la que se encerraba a los maltratadores de los animales”.

Cara Lyons

Oscar Wilde definió Connemara como una belleza selvática. En verano la temperatura ronda entre los catorce y los veintiséis grados, por lo que se trata de un destino excelente para las personas que huyen del bochorno. Noches frescas, sin necesidad de calefacción, invitan a dormir de una tirada con la promesa de los copiosos desayunos irlandeses por la mañana.

Renvyle Peninsula – The Pier