¿Y SI INVIRTIÉRAMOS LA TENDENCIA?

Cuando me entrevisté por tercera vez con Tom Kennedy, director de fotografía de National Geographic por aquel entonces, y le mostré el trabajo que había realizado aquel año, comentó: “Tino, creo que ya estás preparado para trabajar con nosotros. Ahora hablaré con los editores de otras revistas y les recomendaré que te vayan dando pequeños encargos, de manera que puedas experimentar si te encuentras a gusto trabajando con nosotros y viceversa…” . Podéis ver algunas experiencias al respecto en mi blog de reportajes.

Si leéis las biografías de algunos fotógrafos colaboradores del Geographic y otras revistas norteamericanas veréis cómo, en ocasiones, solían dar encargos a los fotógrafos, que después no se publicaban. Por esa razón existen historias que no aparecen en la versión escrita, pero sí en internet. Sin ir más lejos, el World Press Photo de este año de Anthony Suau.

A diferencia de los estándares españoles, donde si no has conseguido por tus propios medios un nivel avanzado, no tienes la más mínima oportunidad de colaborar con una revista importante; por lo que ha sido mi experiencia los editores anglosajones prefieren “apostar” por jóvenes fotógrafos que apuntan talento. Les suelen (¿quizás “solían”?) encargar pequeños temas para acostumbrarles a la presión del encargo, a la obligación de entregar unas fotografías con el plazo de entrega acordado, a las exigencias de la maquetación y la puesta en página, o al difícil cometido de aproximar la historia, en términos visuales, al espíritu de la narración. En resumidas cuentas, a que maduraran.

Los anglosajones encuentran esta manera de actuar como una inversión de futuro. El fotógrafo, una vez formado, será uno de los pilares en los que se sustentará el prestigio de la publicación, ya que no solo de buenas plumas se alimenta a los lectores. Como los lectores no son tan tontos como algunos editores presumen, también aprecian las buenas imágenes. Y más en una época que, quien más quien menos, ya ha hecho sus pinitos en fotografía.

Hoy, aceptada la huída de la publicidad a otros medios, la mayoría de revistas han empezado a recortar sus presupuestos directamente del apartado de imágenes. Las compran “a peso” y sólo se preocupan que las fotos estén bien expuestas para que no se desdigan demasiado con el impecable acabado de los anuncios. Suelen ser fotografías rematadas con un Photoshop impecable, pero desprovistas de contenido. Resultonas pero sin alma. A este problema se refería, una vez más con gran acierto, Francesc Vera en una entrada en su blog, el día 15 de este mes.

También explica Paco Elvira que el salario de los fotógrafos ha disminuido considerablemente y la calidad de los contenidos gráficos de las revistas deja mucho que desear. Es cierto. Los lectores desertan, la publicidad se va, y algunas revistas sobreviven con una o dos personas encargadas de todo el proceso. Es triste porque, al final, muchas acabarán cerrando. Una muerte lenta… pero quizás merecida.

Dado que este ciclo es cada vez más inexorable ¿por qué no apostar por una fórmula más visual? Ahora que es tan fácil acceder a las noticias, a las opiniones, a cualquier tema de actualidad, de inmediato con el ordenador ¿no sería el momento de apostar por una puesta en página con fotografías “que atrapen”?

Tom Kennedy cumplió su palabra y, poco a poco, empecé a recibir encargos cada vez más interesantes. Dan Westergreen, jefe de fotografía de National Geographic Traveler, que un par de años antes, tras hacerle llegar unas diapositivas, me había escrito una amable carta indicándome que desistiera de enviarle propuestas, por que no era el fotógrafo que necesitaban, me remitió un nuevo escrito reconociendo que se había equivocado y me instó a seguir colaborando con ellos.

¿Algún fotógrafo ha recibido alguna vez una misiva de un editor español, reconociendo un error y pidiendo disculpas? Esta manera tan diferente de entender la relación con los fotógrafos influye, indudablemente, en los difíciles comienzos que afrontan los jóvenes reporteros y en el fin de muchas publicaciones. En este país hay que triunfar fuera para que la gente comente que quizás haces las cosas bien. Pero entonces ¡ay! es cuando surge… la proverbial envidia española…