Se dice que los comercios de artículos de lujo apenas están notando la crisis. Esto significa que las personas con posibilidades económicas continúan disponiendo de ingresos importantes y, conjeturo, andan sobrados de trabajo. Salvando las distancias, algunos grandes fotógrafos que tengo la suerte de conocer tienen también una agenda complicada: proyectos, encargos, compromisos adquiridos y prometedoras ventas de archivo.

Los reporteros gráficos, por lo general, no alquilamos suites imperiales, ni regalamos a nuestras parejas brazaletes de diamantes, ni relojes promocionados por estrellas mediáticas, ni conducimos vehículos de gran lujo. Algunos de estos fotógrafos en la cumbre, a pesar que tienen más trabajo del que pueden abarcar, si se pusiera a tiro un editor no dudarían en proponerle una idea brillante.

Nuestro gremio es poco dado a la vida fácil de los potentados. Un proyecto, por muy sólido que parezca, puede desvanecerse de la noche al día y conviene guardar balas en la recámara. Por eso estoy seguro de esa reacción de mis colegas, a pesar que anden sobrados de compromisos.

Antes de ser fotógrafo fui profesor de guitarra, camionero, administrativo, realizador de vídeo y vendedor de enciclopedias. Empecé Derecho, Medicina y Magisterio. Todo me sirvió, más adelante, para llevar a buen puerto mi actual trabajo de reportero, pero siempre he creído que la venta de libros a domicilio fue lo más útil. ¿Por qué? Muy sencillo. Los fotógrafos no vendemos solamente imagen. Nuestras fotos deben aportar mirada, estilo, pensamiento y, sobretodo, explicar el mundo. Vamos, como las enciclopedias.

Por mi experiencia (y me gustaría recordar, llegado este momento, que en el año 1991 fundé la agencia VISION en compañía de Darius Koheli y Xavier Martí) los fotógrafos españoles son poco activos promoviendo su trabajo. España es este país en donde la gente es cojonuda tomando vinos y charlando de lo divino y de lo humano, pero que el día que estrenas un coche, a la que te descuidas, te lo encuentras con una rayada que te hunde en el marasmo. A mucha gente le jode que a los otros las cosas le vayan bien, y prefieren hundir sus putas llaves en la carrocería de un coche que huele a nuevo, que procurar hacerse con los medios para comprar uno.

Cuando VISA POUR L’IMAGE, el Salón del Fotoperiodismo que reúne editores, agentes y directores de fotografía de los medios más importantes del mundo, recaló en Perpignan, desde VISION estuvimos años y años avisando a los fotógrafos y agencias españoles que se acercaran a esta ciudad, a solo setenta kilómetros de la frontera.

Pasó mucho tiempo hasta que las huestes ibéricas aterrizaron en el Hotel Pams. Para entonces solo VISION había representado a España en algún stand y la mayoría de tratos entre agencias internacionales, revistas y fotógrafos ya se habían cerrado. Una vez más llegamos tarde. Que inventen ellos. Que se muevan los otros. Que no me pasen las películas en versión original, no vaya a ser que aprenda inglés. Que me llamen a mí los editores, no yo a ellos …

No quiero minimizar los efectos de la crisis, ni achacar esta falta de iniciativa a todos los que, por la razón que fuere, han visto disminuidos sus ingresos de una manera drástica. Cada persona es un mundo y cada tragedia lleva emparejada no uno, si no varios requiebros irónicos del destino y una cumplida dosis de mala suerte. Pero sí que me gustaría recordar que otros países padecen esta desaceleración económica a velocidades diferentes y que, en la sociedad global, es importante esforzarse en promocionar y vender nuestro trabajo lejos de las fronteras patrias.

Los fotógrafos que no estamos en la élite tenemos que trabajar ahora tres veces para ganar lo mismo de antes. Se pagaba más por una foto en 1991, cuando las vendíamos en VISION, que no ahora. Pero en contrapartida los avances tecnológicos brindan oportunidades increíbles de promoción, y es posible llegar con facilidad a público y clientes impensables hace veinte años.

No hablo solo de la imprescindible web. Conozco fotógrafos que se quejan de que no venden y no han abierto ni un triste blog gratuito donde mostrar su trabajo, sus ideas, sus inquietudes. Repito, las cosas no están fáciles para la tropa, pero quizás convendría desempolvar los viejos manuales que enseñaban a vender enciclopedias. No todo es arte en esta vida… hay que promover la imaginación y, el comercio, para afrontar este 20% de paro que se perfila en el horizonte.