SER FOTÓGRAFO

Un Tino Soriano con treinta años menos y más pelo cuando soñaba ser fotógrafo. Hasta su jersey era de marca fotográfica.


Os transcribo el extracto de un correo que he recibido. Con los lógicos claroscuros y matices de cada persona, ésta es una comunicación que me llega día sí, día también. Celebro la liberación del fotógrafo secuestrado José Cendón; de manera que esta tarde me encuentro inspirado y con ganas de transmitir cuatro ideas que respondan a esta misiva.

Querido Tino:

Te escribo porque en estos momentos me encuentro en una situación tal vez parecida a la que tú viviste en tus inicios.

Acabé fotografía el año pasado y ahora quiero dar el paso al terreno profesional. Desde hace unos años estoy en esa línea que separa al estudiante o aficionado del profesional. Lo cierto es que estoy bastante condicionado por motivos económicos, desde que decidí dedicarme a la fotografía hace unos seis años, mi situación económica es crítica, tengo una economía de subsistencia.

Me gustaría poder viajar para tocar temas de fotografía humanitaria pero como puedes imaginar ahora mi economía no me lo permite, así que quiero dedicarme a tocar temas sociales en mi ciudad, pero he de trabajar de cualquier cosa para poder realizar después los reportajes.

Bueno, todo esto te lo cuento porque no sé hasta que punto es viable, la verdad es que me gustaría poder quedar contigo, comer o tomar un café y que me contaras tu experiencia personal. Pienso que me puede ser de ayuda en estos momentos.

Ante todo muchas gracias por confiar en mi criterio a la hora de exponer un tema que, sin duda, te preocupa. No soy ni la señora Francis, ni Carmen de Mairena, ni Francis Tsang pero, si volviera a nacer, miraría de parecerme a éste último. ¿Por qué? Por que es un fotógrafo al que admiro. Mira el “Scapbook” de Tsang y estúdiate el currículo de Cendón: dónde vive y qué fotografía; y verás dos formas de entender este oficio. Tsang hace de todo, y todo lo que hace lo hace bien. Nos conocimos en el año 1992 fotografiando ambos los juegos paralímpicos de Barcelona. Teníamos en común que éramos perfectos desconocidos. Ahora -me dirás- ¿por qué me hablas de fotógrafos reconocidos si lo que yo quiero es vivir de la fotografía y no escuchar batallitas?

Porque, lo más importante para mí, son los referentes. Ni José Manuel Navia, ni Álvaro de Leiva, ni Cristina García Rodero, ni Chema Madoz, ni García Alíx, ni Lucas Abreu, ni Isabel Muñoz, ni Clemente Bernad; ni Sandra Balsells; ni Pep Bonet, ni Gervasio Sánchez, ni Paco Elvira, ni tantos otros grandes fotógrafos/as españoles que admiro y me dejo en el tintero nacieron enseñados. Cada uno ha conseguido vivir de esta profesión con trayectorias muy diferentes. Pero, lo único que cuenta, es que han llegado. Es como en una secuencia gráfica: una vez elegida la foto, los otros disparos sólo fueron escalones para llegar a ella. O, si lo prefieres, piensa en término de espermatozoides. Muchos inician la carrera pero tan sólo uno llega al óvulo. A nosotros nos interesa las tribulaciones del ganador.

¿Y qué más a propósito de Cendón? ¿Sabías que se ha pasado media vida dando tumbos y que en los últimos tres años ha vivido en Rwanda y en Etiopía? ¡No debe haber sido fácil lo suyo!

Entre todos estos nombres que me han sugido en un instante a vuelapluma no se puede establecer ni una comparativa, ni buscar trayectorias en común que desvelen misterios. No hay ningún misterio. No hay conejos, no hay chisteras. Solo mucho entrenamiento -como los ilusionistas- y un afán casi obsesivo de tomar fotografías.

Y, en cuanto a obligaciones, solo un par: imaginación y mucho trabajo. Pero no me refiero a trabajo físico, que sin duda harías con todo el gozo del mundo, si no a planificación, a darle muchas vueltas a las cosas, a esforzarte todos los días para conseguir una personalidad, un estilo, una mirada. Eso es lo que tienen en común los que destacan: personalidad.

Y, mientras tanto ¿de qué vivo? – me preguntarás. Pues, aquí te contaré mi propia experiencia. Yo fui chófer profesional, cobrador de morosos, auxiliar administrativo, profesor de guitarra, técnico de audiovisuales y vendedor de enciclopedias; oficios que combiné con sendos primeros cursos de derecho, medicina y magisterio. Finalmente parecía que la enseñanza sería mi trabajo definitivo, pero cuando estaba a punto de acabar la carrera, descubrí que la fotografía, para mí, era un equivalente. Lo que pasa es que cambias continuamente de asignatura (los temas) y de alumnos (los lectores). Pero, en el fondo, explicas el mundo a tu auditorio, que es lo que hacen los buenos profesores.

Para ser fotógrafo trabajé haciendo cualquier cosa de lunes a viernes. Los sábados y los domingos los dedicaba a tomar las fotografías que yo quería. Construía a Tino Soriano. Así surgió, por ejemplo “Banyoles”. En mis vacaciones producía temas “comerciales” de viajes para venderlos a las revistas… no sé cómo percibirás eso que te cuento, pero la clave detrás de todo ello es “trabajo”. Y, cuando alguien trabaja de esa manera y en ese oficio durante años, a veces se le añade otra: “divorcio”. No ha sido éste mi caso, pero sí que es frecuente. Tus relaciones familiares puede que queden bajo cero con tanto frenesí.

¡Ah! Y, por último, lee muchos libros escritos por personas relacionadas con el mundo de la fotografía y devora todas las biografías que puedas; sin olvidar lo importante que es en este trabajo tener una excelente cultura general, saber escribir cuatro líneas seguidas con un mínimo sentido, conducir bien, hablar idiomas y ser un excelente viajero solitario. En el fondo, todos los oficios que desempeñé antes de ser fotógrafo me han servido para mi trabajo actual. Esa ha sido mi fórmula, muy lejana, por ejemplo, a la de García Alix.

Acabo, para complementar todo lo dicho, con el testimonio de Howard Chapnick, editor de la agencia Black Star y descubridor de talentos fotográficos como Christ Morris, David y Peter Turnley, John Lanois, Dona Ferrato, James Balog o James A. Sugar. En su libro “Truth needs no ally” habla sobre los sacrificios que le aguardan a los aspirantes a fotoperiodista: “Considérelo cuidadosamente y reflexione sobre la realidad. Tiene que saber más y trabajar más duramente para aprender menos que en otras muchas profesiones que se le ocurran.

A menudo trabajará bajo fuertes presiones para cumplir con el encargo, bajo fuertes privaciones personales: dormir lo mínimo, que pasen quince horas entre comidas, y dos días hasta ver una cama. Necesita el empuje de un caballo de tiro para moverse aguantando todo el peso del equipo encima; cantidad de recursos, ingenuidad, y adaptabilidad para resolver encargos que supongan un esfuerzo logístico; y la inventiva y habilidad necesaria para improvisar cómo capturar las fotografías que expliquen la historia.

Tiene que aprender a disfrutar por sí mismo en caso de tener que vérselas durante interminables horas rodeado por extranjeros en lugares remotos. Compromiso, compasión, e intensidad son absolutamente pre-requisitos. Además tiene que creer en la importancia de lo que hace, en cómo afecta a su comunidad y al mundo. Como Don Quijote, ayuda a soñar en sueños imposibles de realizar“.

Otra alternativa quizás más fácil sería recomendarte un braguetazo; pero no sé si eso funciona. Yo tengo la convicción que para ser un buen fotógrafo tienes que ser una persona feliz y –todavía más difícil- una buena persona. Por lo menos esa es una buena mirada para ver el mundo. Lo que no significa que vayas de tonto.

En mi web, dentro del apartado “Editorial/Encargos” he inaugurado un blog en el que, cuando tengo tiempo, transcribo mis impresiones profesionales de algunos reportajes cotidianos. Si le echas una ojeada también percibirás en ello el día a día de la profesión.

http://stocktinosoriano.blogspot.com/

¡Suerte y oportunidades!

Tino